01 agosto 2005

Viaje a Estados Unidos

Ahora que estoy de vacaciones en el país de las hamburguesas y la crema de cacahuete, voy a escribir sobre mis vivencias, frikadas y abandono de otras frikadas.

Primero, me dio mucha pena abandonar las cartas Magic durante 3 semanas. Para mí no era tanto una cuestión de jugar con los amigos o en torneos sino de coleccionismo, y lo de dejar de participar en el mercado de cartas me ha dolido. Una posibilidad era llevarme el álbum entero, pero desistí al pensar que podría suponer un sobrepeso en la maleta y que de todas formas pocas posibilidades iba a tener para cambiar cartas con la de cosas que iba a hacer ahí.

Es fácil imaginar que un viaje así, con la familia (madre y hermano), iba a reducir el frikismo de forma drástica, pero no ha sido así... al menos no del todo. Contaré las cosas más memorables, ya que es imposible que me acuerde de todo.

Fuimos víctimas del llamado overbooking junto con otras 30 personas o así. Y como tales tuvimos derecho a una compensación de 600 euros por persona y alojamiento gratis aparte de la reserva del billete para el día siguiente. El día del vuelo de verdad, me puse a hacer los problemas de sūdoku que venían en los periódicos que me dieron en el avión y de paso enseñé (aunque fuera al principio de forma inconsciente) al chico que se sentó a mi lado.

Estuve dos días en la segunda residencia de la vecina de mis primos de Chicago, que es una casa de madera perdida en medio de un bosque exuberante, al lado de un lago, donde las noches son oscuras de verdad (no hay farolas ni nada) y los paisajes no han sido mancillados por el hombre. Unos paisajes que, en definitiva, invitan a hacer un rol en vivo al estilo fantástico medieval. Lo malo, algo en esa casa que produjo mareos, dolores de cabeza y malestar a todos los moradores, y que supongo que se trata de algún barniz tóxico en la madera o algo así.

Hoy estuve en una librería de segunda mano y compré un par de libros para estudiar japonés: un libro de texto llamado "Japonés para estudiantes universitarios" y un diccionario de kanji, todo por unos 21 dólares (17,5 euros). Las únicas imperfecciones que encontré: el diccionario tenía un corte en la tapa (pero fácilmente solucionable con un poco de celo) y una página del libro de texto tenía unas palabras escritas en boli. En definitiva, libros bastante bien conservados.

Por otra parte, hace dos o tres días, conseguí sobres de ramen a 14¢ (0,12 euros) la unidad, y me han comentado que se pueden conseguir por 10¢. En España no los he visto por menos de 42 céntimos de euro.

En Estados Unidos me sorprendieron, por otra parte, varias cosas:
  1. Hay una señal al final de las escaleras mecánicas para advertir al listillo de turno de que, si se tropieza, se rompe una pierna y denuncia al local que corresponda, dicho local no será responsable de nada. Bueno, en realidad dice simplemente "Atención, aquí terminan las escaleras mecánicas" o algo por el estilo, pero me imagino que la causa de que pusieran la señal era más o menos ésa.
  2. Todas las señales de circulación, o casi todas, vienen con una leyenda debajo que explica, en inglés (of course) lo que quieren decir. Por otra parte, los estadounidenses son muy dados al lenguaje abreviado, con palabras como smog (sm[oke] + [f]og), e-mail (e[lectronic] mail) y spam (sp[iced] [h]am), así que parece lógico que abrevien también esas señales. Hablo concretamente de las señales que advierten de un paso de peatones, y que dicen, literalmente, "PED XING" (pedestrian crossing). Parece chino, en realidad sólo es inglés abreviado.
  3. Los peajes de 25¢. Es que no entiendo el sentido que tiene cobrar 25 centavos de dólar en un peaje, de verdad que no lo entiendo.
  4. Por supuesto, los gordos. No tanto por su cantidad sino por su... calidad. En España, por lo menos, es difícil encontrar por la calle a un gordo de los de 200 kg.
  5. Compatibilizar la ubicuidad de la grasa en Estados Unidos con la de las comidas light, sin, bajas en calorías, con la mitad de grasa... Parece que la mentalidad sea de "si como esto voy a adelgazar", que puede ser cierto hasta cierto punto, ahora bien, si te pasas el día comiendo, siempre con algo en la mano, por muy bajo en calorías que sea vas a engordar, majete.
  6. Los telediarios apenas dan noticias internacionales. Si no es un terremoto en Sumatra, el estado de los soldados en Irak o la detención de miembros de Al-Qaeda en Londres, no sale. Y los periódicos, igual. Parece el chiste del vasco que tiene un mapamundi y comenta que son las afueras de Bilbao.
  7. La gente que me lanza miradas furtivas como sospechando de que, por tener barba, vaya a ser terrorista o algo así.
  8. Que ahí los rojos y los fachas son los mismos. El Partido Demócrata (considerado por estos lares de izquierdas) se representa siempre con el color azul y el Partido Republicano (considerado de derechas) se representa con el color rojo. El caso es que los partidos siempre se habían intercambiado los colores de unas elecciones a las siguientes, pero desde la era Bush los republicanos son rojos y los demócratas azules.
  9. Las unidades de medida. Estados Unidos es el único país, que yo sepa, que sigue anclado en el sistema de medidas tradicional y aún no ha adoptado el Sistema Internacional, que es objetivamente mucho más sencillo porque se basa en unas pocas unidades y en sus múltiplos y submúltiplos que siempre son potencias de 10 de dichas unidades. Sin embargo, un pie son 12 pulgadas, una yarda son 3 pies y una libra son 16 onzas. Ah, y usan los grados Fahrenheit, equivalentes a 32 más 9/5 de los grados centígrados. Hasta este punto yo me defiendo, pero en cuanto empiezan a hablar del consumo de un coche en millas por galón...
  10. Mismamente, los coches. Lo enormes que son. Y es que es más barato fardar de cochazo cuando la gasolina está a 2,50 dólares el galón (0,66 euros el litro), aunque con ese precio ya se quejan, después de todo, la última vez que estuve aquí (hace 5 años y medio) la gasolina debía estar a alrededor de 1,50 dólares el galón.

Por último, he de confesar que no me ha costado mucho escribir los acentos aun con un teclado estadounidense, gracias a los códigos de tipo alt+130 para la é o alt+164 para la ñ, que más o menos me sabía de antemano. Y es que una de mis muchas manías es la de escribir correctamente, con todos los acentos, aunque es una manía que se ablanda cuando escribo en un chat o similar.

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