10 julio 2005

Terror, libertad y seguridad

Para los londinenses fue una gran alegría que su ciudad fuera elegida para los Juegos Olímpicos de 2012... y una enorme tristeza e indignación que esa alegría durase tan poco: al día siguiente se produjeron tres explosiones en el metro de Londres y una en un autobús también de la capital británica, unos atentados que causaron la muerte de unas 50 personas.

Todos recordamos el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, el 11 de marzo de 2004 en Madrid y ahora el 7 de julio de 2005 en Londres. Curiosamente, las tres eran candidatas a los juegos de 2012, y las tres representan al llamado Grupo de las Azores, los países que se reunieron en marzo de 2003 en dicho archipiélago portugués para dar un ultimátum a Sadam Husein antes de dar comienzo a la guerra en Irak. Sin embargo, de las víctimas de esa guerra, del reguero de sangre que salpica la llamada Cuna de la Humanidad desde entonces nadie se acuerda. Tampoco la gente recuerda bien los atentados que se producen en países culturalmente alejados del nuestro, como el de Bali (2002), Casablanca (2003), Filipinas (2004) y tantos otros.

Quizá esta postura, por otra parte comprensible, de dar más importancia a los desastres cercanos que a los lejanos, de sentir más empatía hacia el vecino que hacia el desconocido, sirva a algunos para justificar ese miedo irracional, esa guerra por definición eterna contra el terror, esas leyes que coartan la libertad en nombre de la seguridad. Y para justificar un estado policial con el ingenuo argumento de "qué más me da que me vigilen si no he hecho nada malo". Medidas, en definitiva, que se nos pueden volver en contra.

El 11-S dio lugar a la invasión de Afganistán, a la posterior de Irak, a la Patriot Act, a la división y confrontación entre Estados Unidos y Europa. En Irak la paz aún es una utopía y se está alimentando cada día el fanatismo que genera nuevos terroristas, que preparan nuevos atentados por medio mundo.
El 11-M afectó dramáticamente las elecciones que tuvieron lugar sólo tres días después en España y a la percepción que se tuvo de ellas. El PP, partido que apoyó la ocupación de Irak a pesar del amplio rechazo popular, insistió con demasiada vehemencia que fue ETA y no Al-Qaeda la organización que provocó los atentados. Por ello, a pesar de ser el favorito en todas las encuestas hasta entonces, perdió las elecciones y desde entonces cuestiona abiertamente la legitimidad de los resultados. Así, el 11-M ha generado una enorme crispación en la política española.

Ya se verá lo que ocurre a partir del 7-J, si es que ocurre algo. Desgraciadamente, no creo que sea el último atentado de estas características en Europa, y tampoco creo que esto reduzca la beligerancia de los que dirigen el cotarro.

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