04 junio 2005

Matrimonio entre católicos

Hace ya tiempo que Psicobyte escribió un texto a favor del matrimonio entre católicos, aunque lo acabo de leer... y me he reído mucho ;)

Después de todo, hay que ser tolerantes hasta con los intolerantes, y hay muchos de ellos en la jerarquía católica. Pego aquí el texto, aunque si alguien quiere hacer un comentario tiene más sentido que lo haga en el blog del autor.

En línea con la actual relevancia social en torno a la modificación de la legislación española sobre los matrimonios, la postura de los católicos en ella, voy a exponer mi posición aquí, que para eso es mi blog:

Estoy completamente a favor del permitir el matrimonio entre católicos.

Me parece una injusticia y un error tratar de impedirselo.

El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.

Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de caracter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos.

Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.

Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por "el qué dirán" o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestrucuturadas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familas católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.

Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruín de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.

Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.

Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de "¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!".

Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bién es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor problabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.

Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.

En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitirseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.

Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales.

Comments on "Matrimonio entre católicos"

 

Anonymous irichc said ... (martes, 28 junio, 2005) : 

El fútbol pronto dejará de ser un privilegio.

Tras largas deliberaciones la FIFA decidió al fin que a partir del mes de julio se encuadrarán dentro de este deporte “no sólo las concepciones futbolísticas más tradicionales”, consistentes en meter el pedazo de cuero con los pies entre tres palos, sino que “también se dará cabida al juego libre con las manos”, quebrándose de este modo el tabú histórico que excluía dichas actitudes de las reglas.

La medida viene propiciada por las quejas de los colectivos que consideran que su derecho a jugar con todas las extremidades se ve lesionado por la restricción “antinatural” a las inferiores. En relación al tema su portavoz en España comunicó a esta agencia que “si Maradona pudo hacerlo y fue válido, ¿por qué a nosotros se nos discrimina?”.

La Federación ha tenido que ceder igualmente a las presiones de los grupos que, en buena lógica, exigían la supresión de otro prejuicio, quizá el principal y más ominoso, es a saber: que se requiere una pelota, dos equipos y un campo para que el partido pueda celebrarse. Esta consideración, bien mirado gratuita, quedará abolida definitivamente gracias a la legislación en trámite.

A pesar de las quejas de ciertos sectores poco aperturistas, las autoridades competentes han insistido en la importancia de no variar la denominación “fútbol”, que, gracias a su nuevo significado, englobará prácticas hasta ahora marginadas de la esfera futbolística, como el balón bolea, el lanzamiento de jabalina o el póquer. Todo ello, dicen, en aras de la igualdad más escrupulosa y del derecho a marcar goles, deducido espiritualmente del derecho a la libertad de movimientos.

Los jubilados artríticos están de enhorabuena. Si bien su incapacidad física hacía imposible que se integrasen a las ligas de balompié, en cuestión de semanas serán tan válidos como el que más para emular a Ronaldinho. Sin moverse de la silla, por supuesto, y partiendo la baraja de naipes mientras las enfermeras hacen la ola.

Saludos.

Daniel.


http://wwww.miscelaneateologica.tk

 

Blogger David said ... (viernes, 01 julio, 2005) : 

Yo había pensado en una analogía similar con un país ficticio donde en el fútbol sólo se permitiera tocar el balón con la pierna derecha (un 90% o así de la población es diestra).

Ante la propuesta de que el fútbol se pudiera jugar también con la pierna izquierda, los sectores más tradicionales de la sociedad argumentaron que la pierna izquierda no es tan hábil como la derecha. Según la Iglesia Católica y el Foro Español del Fútbol, dicho deporte se vería desvirtuado si se permitiera jugar a los zurdos, y que no se debería denominar fútbol sino zúrdol o algo así. Que se recortaría derechos a los jugadores y a los patrocinadores, porque eso a lo que estarían jugando ya no sería fútbol sino "otra cosa".

Un tal Aquilino Polaino dijo en una conferencia que los zurdos son en general hijos de padres alcohólicos y distantes y de madres sobreprotectoras y que la zurdera se puede solucionar con terapia y una buena dosis de pastillas.

Sin embargo, la sociedad en su conjunto estaba a favor de que se permitiera jugar al fútbol con la pierna izquierda. Se trataba, al fin y al cabo, de añadir derechos, y no de recortarlos. Los diestros podrían seguir chutando con su pierna buena, y los zurdos adquirirían también el derecho a jugar al fútbol con su pierna buena. Todos ganarían, decían ellos.

Los zurdos, por su parte, reclamaron igualdad de derechos y recordaron que durante siglos fueron duramente perseguidos y ejecutados por la inquisición, que les tildaba de poseídos o de brujas. La plataforma HazteOír, por su parte, argumentó que no se podían tolerar las nuevas exigencias de lo que dio en llamar "lobby zurdo".

Según una encuesta, el 62% estaba a favor de cambiar el reglamento y sólo el 30% en contra. Poco antes de que se reformara el reglamento, los conservadores argumentaron que el problema no era que los zurdos jugasen a la pelota, sino que denominasen el deporte fútbol. Sin embargo, eso fue tomado por la población general como poco más que una excusa.

 

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