26 abril 2005

Música y derechos de autor

Es de sobra conocido que, cuando compras un CD en una tienda por 20 €, los intermediarios son los que se llevan los billetes y dejan las migajas (algunos céntimos, a lo sumo un euro) al artista. Con esas condiciones de trabajo, no es de extrañar que algunos grupos apoyen la copia indiscriminada de sus canciones con tal de darse a conocer y ganar el dinero de verdad en los conciertos, a salvo de las aves de rapiña.

Algunos distribuyen sus canciones únicamente por Internet, mediante descarga gratuita y libre de copyright, y esto se conoce como copyleft (que se podría traducir como izquierdos de copia, en contraste con los derechos de autor tradicionales). La única condición que se pide es que no se restrinja el derecho a seguir copiando.

Otros grupos aceptan donaciones de los usuarios que estén satisfechos con el contenido que han descargado.

En cualquier caso, es la adaptación lógica del mundillo musical (y no sólo musical) al siglo XXI.

Mientras, la industria musical (discográficas, distribuidoras, SGAE...) sigue atrincherada en un castillo de naipes que ya se viene abajo. Primero cerraron algunas redes P2P, después cargaron contra los usuarios al ponerse de moda las redes descentralizadas y finalmente montaron las suyas propias de pago (aunque para entonces ya era demasiado tarde). Gastaron una millonada en sistemas de protección anticopia para los discos, pero por una parte recibieron quejas de usuarios que no podían escuchar la música desde el ordenador y, por otra, los sistemas anticopia fueron cayendo uno tras otro a manos de los hackers. Impusieron un canon a los discos vírgenes infringiendo el derecho básico de todo ciudadano a ser considerado inocente mientras no se pruebe lo contrario (en un CD se pueden grabar fotos sacadas por la cámara digital, o software libre, o tantas y tantas cosas sin nada que ver con la música protegida...).

Finalmente, pidieron la reducción del IVA, lo que significaba que un disco de 20 euros pasaba a costar 18, que sigue siendo demasiado. Sin embargo, no están dispuestos a ceder nada, a pesar de que hoy en día es mucho menos costoso copiar un CD que hace unos años, como cada día nos demuestran los manteros.

El veredicto es el siguiente: no han sabido adaptarse a los tiempos y acabarán devorados por su propia voracidad, el capitalismo y las leyes elementales del mercado - que se acuerden de eso de la oferta y la demanda y cómo la demanda varía en función del precio del producto. Pues ajo y agua.

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